PEREGRINACIÓN a SANTIAGO de COMPOSTELA

Empiezo mi diario de la peregrinación con dos días de retraso. Retraso que no hay que achacar en este caso a la habitual vagancia, sino a que he preferido conscientemente dejar transcurrir un tiempo prudencial para que los acontecimientos recientes los pueda abordar desde una perspectiva más serena, y —dentro de lo que cabe— alejada del apasionamiento, pero eso sí, llena de emoción y multitud de sensaciones.
Tras muchos meses de espera, por fin, estaba a pocas horas de iniciar la peregrinación que, organizada por el Secretariado Nacional del Movimientos de Cursillos de Cristiandad de España con motivo de la conmemoración de los 60 años de la marcha de jóvenes de Acción Católica a Santiago de Compostela (germen de lo que luego sería el Movimiento de Cursillos), iba a comenzar en la ciudad de Oviedo.
Atrás quedaban muchos recuerdos en forma de planes, ilusiones, emociones, sentimientos… Sí, porque desde que fui conocedor de la peregrinación, no tuve dudas de que si era posible, yo quería formar parte del grupo de elegidos para formar parte de ella. Y por eso, nuevamente tengo que dar gracias al Señor, porque al igual que se nos dice en el Evangelio, muchos son los llamados y pocos los elegidos. Entre tantos miles de cursillistas que existen en España, yo iba a formar parte del selecto grupo de los 31 elegidos que había respondido a la llamada, y encima tenia el regalo enorme de poder disponer de 9 días libres para realizar esta experiencia que —a mis ojos— se me presenta como un hecho que marcará historia.
Uno es dado a vivir los momentos con pasión, pero cuando acontecen (otros dirían que dejándolo todo para el último día). De ahí que, como si de un sueño se tratara, fueron las llamadas de los primeros peregrinos que llegaban a Oviedo para preguntar lo que hacían, las que me despertaron de ese sueño reparador disfrazado de vida habitual, para —de manera inmediata y sin apenas tiempo para embozarme la cara, que me permitiera presentar un rostro más despierto— anunciarme que, aquello por lo que llevaba tanto tiempo esperando, estaba a punto de iniciarse.
Tras una acogida al estilo cursillista, quedamos emplazados a las 12 de la mañana en la Catedral de Oviedo, con el objetivo de asistir a la Misa del Peregrino, ya que este año se está celebrando el año de las Santas Cruces, siendo jubilar en mi Diócesis. De ahí que el inicio de la peregrinación se fijara en la capital asturiana, en una ceremonia que presidió el Obispo auxiliar D. Raúl Berzosa. La catedral tuvo una asistencia considerable, debido en gran parte a la presencia de un gran número de cursillistas de Asturias, que quisieron unirse al grupo de peregrinos y manifestarnos sus ánimos y apoyos, no de una manera física, sino haciéndonos partícipes de que sus oraciones nos acompañarían a lo largos de estos nueve días.
En la homilía D. Raúl tuvo unas palabras dedicadas especialmente al grupo que íbamos a iniciar el camino, dejando bien claro que la Iglesia sin el Movimiento de Cursillos, ya no es la misma, a la vez que volvía a reiterar el papel esencia que, como Movimiento, estamos llamados a desempeñar en la historia contemporánea de la Iglesia, con una llamada constante a acercarnos a los más alejados, siendo testigos vivientes de la presencia actual de Dios en el mundo.
Entrañable me pareció la acción de gracias: la ofrenda de una cruz, un bastón de peregrino y una luz en forma de vela, como signos que nos deben acompañar a lo largo de nuestro peregrinar.
Tras la Eucaristía, tuvimos la gran ocasión de poder girar visita a la Cámara Santa, donde el canónigo D. José Luis, nos explicó con todo tipo de detalles la historia de todos y cada una de las reliquias y objetos que alberga este recinto sagrado, de enorme valor, no sólo monetario, sino sentimental y de significado tan profundo para todos lo que nos sentimos asturianos, y los cuales han marcado la historia de Asturias desde el siglo I hasta nuestro días.
Como también hay que comer, una vez acabada la celebración religiosa nos dirigimos al llagar casa Juanín en Tiñana, donde acompañados de otros hermanos cursillistas, dimos cuenta de una “sonora” espicha, con abundancia de viandas, pero sobre todo del especial líquido llamado sidra, que hizo las delicias de todos, sin que los efluvios etílicos, impidieran a ninguno de los allí reunidos, disfrutar de las a veces descoordinadas notas surgidas de la gaita de Juacu, que —unidas a la musicalidad del tambor de Avelino— sirvieron para empezar a cultivar uno de los objetivos de esta peregrinación: la convivencia. Así fue como junto con las canciones típicamente asturianas, fueron surgiendo espontáneamente “De Colores”, “Cursillistas”… No podían faltar las carcajadas en el evento, y éstas vinieron producidas por la visita inesperada del “Rilu”, que con sus monólogos (historias típicas e irónicas contadas en bable), ayudaron en gran medida a caldear el ambiente para la partida.
Llegamos a Mondoñedo. La verdad es que ya en el viaje parecíamos una familia, porque nuestro conductor era Prieto, cursillista esté donde esté, y mira que se mueve el condenado. Sirva como muestra que, durante el viaje, nos puso la película de Juan Bosco para júbilo y alborozo de muchos viajeros, por su pasado en la institución salesiana.
Nos hemos alojado en el Seminario de Mondoñedo, en el cual únicamente estudian doce alumnos del menor, ya que los mayores van a Santiago. La localidad lucense nos recibió con una fina pero intensa lluvia, tal vez preludio de lo que nos aguardaba para el día siguiente.
Como buenos peregrinos fuimos pronto para la cama, a la espera de que los nervios (que íbamos a duras penas controlando en nuestros cuerpos) no nos impidieran dar una buena respuesta a la etapa del día siguiente.

Viernes 3 de octubre

Y llegó lo verdaderamente esperado. Eran las 9:20 de la mañana como diría Machado, cuando las calles de Mondoñedo, empezaron a soportar sobre sus piedras graníticas y algunas de ellas centenarias, el paso inquieto, pero firme y decidido de botas, playeros, zapatillas, bastones, callados… que los 31 valientes y a la vez privilegiados cursillistas —que a mi modesto modo de ver, y como comentaba antes— íbamos a escribir una de las más bellas páginas de la aún reciente historia del Movimiento. Por delante nos aguardaban 16 km: atrás dejamos Maadín, Paadín (más que pueblos, una desordenada y dispersa colocación de casas, paisaje característico de la Galicia rural) hasta completar los 16 km que nos llevaron a Gontán, en la parroquia de Abadín donde está el albergue de peregrinos. Descontando dos peregrinos que se retrasaron debido a la contemplación del paisaje y al tiempo prudencial de aclimatación al ritmo de la marcha, a las 13:45 todos estábamos en el punto de llegada.
Tras toda una tarde, utilizando el lenguaje que me recordaba mis tiempos de interno en los Maristas, dedicada al “tiempo libre”, a las 8 tuvimos la Eucaristía en la capilla del pueblo de Gotán, apenas a 25 metros del albergue municipal donde nos alojamos el mayor número de peregrinos (ya que, al no haber espacio suficiente, 9 tuvieron que pernoctar en una pensión próxima). La capilla se quedó pequeña por las limitaciones físicas, pero ello contribuyó a que la unidad del grupo empezara a tomar forma.
Durante la homilía, Pepe Valiente nos interpelaba con la pregunta Y a ti, ¿qué te ha llevado a peregrinar? Como muchas veces he oído decir en estos casos, parece que me lo estaba diciendo a mí personalmente.
Tengo que reconocer que llevo meses realizándome la misma pregunta y a día de hoy, cuando ya estoy plenamente imbricado en ella, no sé con certeza el porqué de mi respuesta comprometida a vivir esta experiencia. Supongo —o más bien estoy convencido— que mi decisión ha sido tomada en base a la suma de varias motivaciones. Así, tal vez la más banal, la posibilidad de realizar parte del Camino de Santiago, experiencia que, de otra manera, nunca habría realizado a título personal. La certeza y el convencimiento como apuntaba anteriormente de que Dios me estaba llamando por mi nombre y me invitaba personalmente a formar parte de la historia del Movimiento de Cursillos de España. También las ansias de rendir un merecido homenaje a todos aquellos jóvenes, que en el año 1948, dieron un paso al frente y fueron la semilla que dio fruto, hasta convertirse en el M.C.C., al que tanto debo desde mi participación en marzo del año 1984. Igualmente la seguridad de que mi presencia es como una gota de agua en medio de un mar, pero que unido a varias más, podemos convertirnos en un pequeño manantial, arroyo, … que dé paso a un río que finalmente desemboque en el mar. Aquí tengo que detenerme un poquito en el relato y manifestar sin acritud ni reproche hacia nadie, que hasta cierto punto me lleve una desilusión por la poca inscripción registrada. Reconozco que son varios días… que tenemos muchas necesidades o compromisos laborales, familiares, a lo que hay que unir las también numerosas limitaciones físicas. Pero no es menos cierto el dicho que apunta que hace más el que quiere que el que puede. Así, aunque pudiera ser un motivo de satisfacción el que por parte de Asturias, acudamos 5 personas sobre 31, o lo que es lo mismo, el 6,2% frente al peso demográfico del 4,5% y el económico en el conjunto del país, que representa un 2,6%, echo de menos presencia de otras regiones o diócesis mucho más potentes en todos los niveles que la nuestra. Pero bueno, la verdad es que estamos lo que tenemos que estar.

Sábado 4 de octubre

Iniciamos la etapa Abadín-Villalba a las 9:20, repitiendo horario de salida del día anterior, tras haber desayunado en un restaurante del que no me acuerdo el nombre, pero donde sus dueños —Tere y Manolo— nos trataron a cuerpo de rey, a la vez que nos daban las gracias por la colaboración que les prestamos y nuestra disponibilidad. Ha sido una etapa preciosa, con muy poco tramo de carretera, transcurriendo por paisajes preciosos. Uno ya va empezando a conocer por su nombre a cada uno y lo que es más importante, a aplicar la empatía y compartir la realidad diaria de cada persona, en la que cada uno tiene su historia de cruz.
Al terminar la oración del día, aconteció un hecho que me ha cautivado. En un momento dado, dije: ¿Os vais dando cuenta que vamos los cinco de Asturias?; a lo que Elsa respondió a lo gallego ¿Y por qué no rezamos un rosario? Y así fue como lo hicimos, proponiéndonos hacerlo todos los días.
Todos llegamos sin contratiempo al albergue municipal y como empieza a ser habitual, disfrutamos de tiempo libre hasta las 8, hora a la que tuvimos la misa junto con la comunidad parroquial de Sta. María de Villalba. ¡Que gozada! Basta decir que el párroco había estudiado con Monseñor Capmany y D. Juan Capó. En su homilía nos exhortó a seguir siendo testigos en este mundo y a ocupar el espacio de la evangelización que el Señor nos ha asignado, a la vez nos agradecía nuestra presencia en aquella tarde.
Amenizamos la celebración con nuestras guitarras y cantos y los fieles de Villalba, la mayoría entrados en años, nos agradecieron a la salida nuestra implicación.
Me encanta la vida en un pueblo, no en vano yo soy de pueblo, y admiro y quiero de una forma especial a los sacerdotes que desempeñan su ministerio en la zona rural, de ahí que —si tuviera que quedarme con una imagen del día— mi elección sería el semblante de emoción contenida que el párroco de Villalba mostró a lo largo de la Eucaristía.
A la conclusión, nos dirigimos a cenar al restaurante “Puerta Nueva” en la carretera de Lugo, en el autocar contratado al efecto. Al acabar la cena, pude comprobar que el Atlético sigue siendo fiel a su tradición y en el minuto 9, ya iba perdiendo 3-0 con el Barcelona. Aunque la mayoría se retiraron a descansar, unos pocos nos quedamos en Villalba a ver concluir el festival goleador del Barça y comprobar como el fútbol puede hacer feliz a mucha gente, aunque sea una felicidad momentánea y efímera.
A lo largo del día de hoy, me ha ido repicando en mi mente de una manera constante y machacona, la contestación que me dio el peregrino francés cuando le invité en Gontán a que compartiera con nosotros la Eucaristía: “es que yo no tengo religión”; no obstante sí entró en la capilla (aunque no se quedó hasta el final), pero me pregunto intentando buscar una justificación convincente el porqué de su peregrinación.

Domingo 5 de octubre

Y comenzaba la etapa Villalba-Baamonde de 20,7 km ... El tiempo nos sigue acompañando, al igual que los días precedentes; el paisaje y los lugares por los que transcurre el camino bien merecen la pena. Se nota que el grupo se está empacando de una manera extraordinaria, sin forzar ninguna situación; tal vez responda a que —como se nos dice en el cursillo— todos estamos poniendo grandes dosis de ilusión, entrega y espíritu de caridad.
En la oración de la mañana, Efrén me ha interpelado con su reflexión. Apuntaba que el Señor siempre nos deja por libre, aunque demos rodeos o nos desviemos del camino, pero que siempre nos vuelve a indicar la ruta correcta. Esto me reafirma en mi convencimiento de que nada hay más libre que el Mensaje de Jesús: “El que quiera, que coja su cruz y me siga”. Pero esta situación siempre me traumatiza un poco, ya que soy un defensor a ultranza de la llamada de Dios constante y me recordó cuántas veces en nuestros diálogos sé lo que me pide, pero también sé que mi respuesta no va en consonancia con su deseo.
A nuestra llegada ya nos estaba esperando Conchita, la encargada del albergue de Baamonde, toda una institución en el Camino. A las 7:30 hemos tenido la Misa.
En ella he vuelto a notar que estamos imbuidos del amor de Dios. Hemos ido a cenar al Mesón Galicia, que lo regenta un personaje muy peculiar, Juan Corral, poeta muy conocido según sus manifestaciones (afirmación corroborada por infinidad de recortes de prensa que nos enseñó). Nos brindó en la sobremesa un adelanto de la velada que nos preparará mañana.
También hemos tenido la ocasión de celebrar los 33 años de casados de José Manuel y María, procedentes de Leganés. Resultaron muy emotivas las palabras de José, el cual tenía intención de invitarnos a unas botellas de cava y sidra achampañada, pero —al no tenerlos el establecimiento— lo pospuso para mañana.

Lunes 6 de octubre

Tenía la ilusión de iniciar la etapa desde el inicio con todo el grupo, ya que al tener que volver a dormir a Baamonde, no había necesidad como todos estos días de mover la furgoneta hasta el próximo lugar de destino. Como siempre Pepe me volvía a acercar al punto de salida, pero como había que esperar a que llegara Enrique en el tren de las 9:10 procedente de Madrid, me he ofrecido a esperarlo para realizar la ruta, aunque nos han aguardado Arias y Gonzalo. La etapa de 16 km nos ha parecido a todos un poco corta, pero sin embargo nos ha permitido conocer parte de esa Galicia interior tan desconocida. Así, en una pequeña aldea, nos encontramos con Chaos, un afamado escultor, el cual nos enseñó “en vivo y en directo”, como trabaja, siempre bajo la intensa sonoridad (por el volumen) de rancheras que facilitan su faceta de creador. Como curiosidad, a Eulalia le regalo una botella de cerveza que estaba bebiendo con su nombre, el cual se lo talló sobre la marcha.
Igualmente hemos tenido ocasión de visitar la casa museo de Víctor Corral, hermano de Juan, quien nos abrió su casa y jardín, todo ello constituido en un museo realizado a lo largo de los años, el cual es muy visitado a lo largo de todo el año y en el que destacan sobre todo las tallas de madera en miniatura, que fue lo que empezó trabajando cuando era niño.
La Misa la hemos tenido a la misma hora que ayer y Pepe —en su homilía— apuntó la afirmación de que nuestro problema es querer ser como Dios. No le falta razón; cuántas veces me olvido de que él va siempre a mi lado como guardián vigilante para protegerme, o en cambio hace las veces de ambulancia para llevarme cuando las dificultades del camino se endurecen… Ha sido un gran momento para volver a dar gracias al Padre por el regalo de la fe. De permitirme decirle que sí a su ofrecimiento de amor sin condiciones. Precisamente lo comentaba con Ramón durante el camino: nuestra vida es más fácil, o dicho de otra manera, lo vivimos con otra actitud, y le interrogaba ¿a quién echan la culpa los que no creen en Dios? ¿Cómo afrontan los momentos duros de la vida?
A la cena de hoy he invitado a que nos acompañaran a Joan y Fernando, dos chicos de Lérida que no han dicho que no y han tenido la ocasión de ser testigos de la actuación que nos había prometido Juan. La verdad es que ha sido total y muchas han sido las carcajadas y risas que se han esculpido en las caras de todos nosotros, incluidas las de María Jesús y Paloma, que se han incorporado esta tarde provenientes de la diócesis de Madrid.
Me voy a la cama, tras haber llamado a un buen amigo a ver cómo estaba, y me ha prestado un montón este rato. Es la una de la mañana y ya lleva lloviendo un rato. A ver cómo se presenta mañana, ya que es la etapa más larga y —según los entendidos— la más difícil.

Martes 7 de octubre

El día ha amanecido como si en el cielo estuvieran anegándose de agua y evacuándola con bombas potentísimas, pero antes de seguir con el relato, adelantar que a las 10 dejó de llover todo el día, e incluso nos acompañó el sol. Atrás dejábamos Baamonde y también a Ana y María, del bar Guerrero, que durante dos días se vieron desbordadas a la hora del desayuno por la horda de cursillos. Empecé la etapa un poco acelerado, pues era consciente de que había salido con mucho retraso sobre el grupo, ya que los casi 90 km entre Baamonde-Sobrado-Miraz para dejar la furgoneta con las mochilas e iniciar el camino, se me hicieron muy largos; y lo pagué. Al poco tiempo empecé a notar en la parte superior del pie un dolorcillo, el cual se fue acentuando y que ha resultado ser un principio de tendinitis. Me he comprado una tobillera y junto con el gratificante masaje de José Manuel, espero que mañana me permita continuar caminando.
No me ha parecido una etapa tan dura como nos habían predicho los conocedores de ella, y respondo al sentir general de todo el grupo, pero a los 24 km recorridos en el día de hoy, hay que sumar los acumulados, los cuales ya empiezan a pasar factura. Hoy no ha habido meditación, ya que en previsión de que lloviera durante el recorrido, se rezó el Ángelus antes de partir.
Alfonso me ha pedido que le acercara a comprar unos quesos a una señora que vive cerca de aquí, con el fin de compartirlos con el grupo a la hora de la cena, como detalle de todos los que venimos de Oviedo. Durante el trayecto de vuelta, le comenté lo generoso que era. La verdad es que a pesar de que no le conozco nada más que hace un año, he podido comprobar no sólo la generosidad que desborda, sino sobre todo, la sensibilidad que demuestra para con todos. Estos detalles y otros muchos que estoy percibiendo a lo largo de estos días, son los que me ayudan a crecer como persona.

Miércoles 8 de octubre

Hoy el camino nos lleva de Sobrado de los Monjes hasta Arzúa, la tierra del queso de tetilla. Sus 22 km la convierten en la segunda etapa más larga de las previstas. Tengo secuelas de la tendinitis, pero aunque Arias me insistía en que no la hiciera, la verdad es que me vi con fuerzas y se la ofrecí al Señor desde el primer momento. Además, tenía presentes las otras personas que físicamente estaban bastante peor, pero que salieron sin ningún tipo de lamentaciones ni atisbo alguno de querer abandonar; su ejemplo me reconfortaba. Hoy me he enterado que tengo que dar el testimonio de la peregrinación en la Ultreya. La verdad es que he declinado el ofrecimiento en una respuesta inicial rápida y que actúa de mecanismo de protección con el fin de cumplir mi promesa de apartarme del protagonismo y facilitar que todas las personas tengan presencia viva y oral en los distintos actos del Movimiento, pero me han confirmado que ya estaba organizado de esa manera y que debía ser yo el que diera el testimonio, así que no hay más cera que la que arde, y desde este momento le he pedido que ponga en mi boca las palabras que él quiera, sin pensar en quedar bien o dar un testimonio que provoque el aplauso fácil.
La gente va cascada, pero da gusto ver como entre todos nos vamos animando y haciendo que el camino sea mucho más llevadero.
Nos hemos alojado en un albergue privado, ya que en público no teníamos sitio para todos, la verdad es que se nota la diferencia, aunque ya estamos acostumbrados a lo que nos echen y personalmente no he oído ninguna queja de los integrantes del grupo respecto a los alojamientos.
Hemos tenido la Eucaristía en la iglesia parroquial, aprovechando la Misa diaria. Una vez más, Pepe en su homilía me ha interpelado de manera contundente. Su reflexión se basaba en que Dios no quiere a los testigos de medias tintas. Recalcaba que entre los tibios y los mencionados, prefería a los primeros. Y es verdad, cuantas veces —y entre ellos me incluyo— actuamos según nos convenga en el contexto en el que nos encontramos. Es cierto que personalmente tengo a gala siempre hablar de mis actividades cotidianas con toda naturalidad; a las 8 tengo Escuela… Es que no puedo porque tengo que asistir a una Clausura… Lo hago desde el convencimiento de que soy cristiano las 24 horas del día y que por tanto no debo considerar mis “compromisos pastorales” como algo susceptible de ocultar o atemperar, sino al contrario; muchas veces lo utilizo conscientemente para interrogar a mi interlocutor. Pero también es verdad que algunas veces, no estoy siendo verdadero apóstol, me dejo llevar en cierto modo por el ambiente o por la persona que tengo enfrente y no defiendo o argumento mis convicciones con todo el ardor del que sé que soy capaz de desarrollar.
He preguntado antes de empezar la Eucaristía a la gente de la parroquia que habitualmente va a Misa qué canciones se sabían, como signo de Comunión. Ha sido una Misa preciosa por la implicación de todas las partes. Al final he ido a saludar a un señor que estaba sentado en el segundo banco, prototipo del gallego rural, ya que me ha emocionado con que fuerza cantaba y la emoción que se reflejaba en su rostro. Me ha contestado que a ver cuándo volvíamos. A la salida se han quedado muchos de ellos y nos han felicitado y dado las gracias por haberles acompañado y hacer un poco más intensa la Eucaristía. Igualmente se nos ha acercado una persona para pedirnos un libro de los que llevamos para la oración de las mañanas y que contiene los cantos. Le he preguntado si era de los que se incorporaban al camino en Arzúa con cursillos y me ha contestado que no, que es navarro, aunque residió muchos años en Valencia y que está realizando el camino desde O Cebreiro con su hija de 32 años que desde los 25 tiene un lupus. Me ha comentado que había disfrutado muchísimo, y que qué planes teníamos para llevar el camino. Se lo expuse, insistiendo en que lo realizara con nosotros porque para su hija le vendría muy bien, ya que tendría ocasión de compartir con gente de su misma edad.
Poco antes de cenar se han empezando a incorporar las personas que tenían previsto hacerlo en esta etapa, así han llegado Gema y su marido desde Asturias, junto con Félix y Estela. Argimiro me ha enviado un mensaje diciendo que los canarios ya estaban en Santiago y que mañana se incorporan a la etapa. Me he ido junto con Pepe a Santiago a recoger a la estación de tren a las cinco chicas que vienen desde Valencia y que llegan a las 21:15.
Una vez que hemos regresado de Santiago, nos hemos dirigido a cenar al sitio previsto, y cuando hemos llegado, la gente empezaba a marcharse. Allí hemos coincidido con Mari Loli y las personas de Murcia que se incorporan a la peregrinación.
Ha sido un día intenso, pero aprovechado, como tendrían que ser todos los de mi vida. La verdad es que me estoy fijando en muchos detalles que en el acontecer diario me pasan desapercibidos, pero que en este clima de comunión y sacrificio, resplandecen con fuerza.
Le he comentado a Pepe que sería conveniente tener en la Eucaristía, a la hora de la Acción de Gracias, una puesta en común, en forma de resonancia de lo que está significando la peregrinación para cada uno de nosotros. Quedamos en que mañana —si hay ocasión— la haremos.

Jueves 10 de octubre

Se nota que somos ya un número considerable y manejar los tiempos resulta un tanto farragoso, unido a la falta de hábito de los nuevos que ha supuesto esta mañana un cierto desconcierto a la hora de subir las mochilas a la furgoneta. Así y todo, he salido sólo con una hora de retraso respecto al grupo que nos disponíamos a recorrer la etapa Arzúa-Arca (Pedrouzo) de 18 kilómetros.
Me he encontrado muy bien del pie y he empezado a caminar como en los mejores días del camino. Me ha sorprendido la cantidad de peregrinos que ya desde el inicio de la etapa me he encontrado. Empezando por los niños de un colegio de Madrid, que en número de 120 salieron un poco antes que yo. Franceses, alemanes, mejicanos, polacos, italianos… con sinceridad, me veía desbordado y experimentaba personalmente los comentarios que he oído decir tantas veces de que la afluencia del camino francés es impresionante. Logré alcanzar al grupo justo cuando se disponían a realizar la oración del día, tras haber dejado atrás a algunos miembros del grupo de Canarias que me imagino que absortos por un paisaje tan distinto al suyo, se detenían frecuentemente a realizar fotos y admirar con parsimoniosa calma. Mereció la pena el atracón que me di para llegar a la oración. Efrén comentó que todos tenemos dones facilitados por Dios, cada uno el suyo (lo fue relacionando con personas concretas del grupo de peregrinos), pero con aplicación plena en nuestra vidas, y añadió que estos dones que se nos han concedido debemos ponerlos y entregarlos a todos nuestros hermanos, al servicio de la comunidad, pues cuando así lo hacemos los estamos entregando al mismo Dios. Me ha cautivado esta expresión. Siempre he considerado que lo que Dios me ha dado, debo ponerlo al servicio de los demás, pero tal y como la ha expresado Efrén, le ha dado una trascendencia o quizás nueva dimensión de la que hasta ahora no había sido capaz de vislumbrar. Cada vez que estoy ofreciendo mis dones al servicio de los demás, los estoy ofreciendo a Dios…
En la oración se nos ha incorporado el padre y la hija de Navarra. Me he llevado una gran alegría, sobre todo pensando en el padre, ya que me imagino lo que estará pasando y supongo que estos pequeños momentos le servirán para hacerle llevar un poco más ligera su cruz. También he conocido a Argimiro y su mujer. La verdad es que tenía ganas de saludarles.
Durante el camino bajo un sol de justicia (hasta la fecha no podemos tener ninguna tipo de queja con el tiempo del que hemos disfrutado), en concreto tres personas en distintos momentos me han transmitido su pesar porque esta experiencia estaba tocando a su fin. A nivel personal, no es que tenga ganas de que termine, pero sí de que todo transcurra como está previsto para volver a mi ambiente y poder compartir y aplicar los frutos de esta peregrinación.
Hemos tenido que repartirnos entre un albergue privado y el municipal, ya que la afluencia de peregrinos es tan alta que no había sitio en el último. A estas horas, cuando estoy terminando de redactar estas líneas, el albergue que dispone de 85 plazas, el privado con 60, otro privado más, y la pensión de Iván están llenos. Me consta que en el polideportivo están durmiendo 15 personas y que otras las han venido a buscar de otros albergues privados de los alrededores para pasar la noche. Según las personas de aquí, es un hecho anormal por esta fechas el verse desbordados.
Hemos tenido la misa en la parroquia, aprovechando la del día. He preguntado —al igual que ayer— si conocían algún canto, pero me dijeron taxativamente que no cantaban nada habitualmente. Al llegar a la sacristía me ha sorprendido encontrarme con un cura joven, 31 años, que lleva apenas dos semanas en la parroquia.
Pepe en su homilía, dura —muy dura, diría yo— puso el acento sobre la importancia del Espíritu Santo. Se apoyo en la pregunta ¿Cuántas veces a la hora de realizar las peticiones al Señor —que apruebe un examen, la operación que salga bien…— le pido que me acompañe el Espíritu Santo? Argumentaba las veces que lo fiamos todo a nuestras fuerzas, a nuestras capacidades, muchas veces infladas erróneamente. Sí, ciertamente ha sido dura la homilía.
En la acción de gracias, Pepe ha brindado la oportunidad de una manera breve, de dar gracias al Señor al hilo de esta peregrinación. A las loas pronunciadas por nosotros, se unieron espontáneamente las proclamadas por otros peregrinos presentes, entre ellas una Venezolana.
Al finalizar la celebración, he comprobado con gozo que había acudido el señor de Navarra junto con su hija. Además cuando abandonaba el templo, tras haber realizado las correspondientes fotos, se me acercó un alemán, el cual iba acompañado de otras dos personas. Aunque hijo de emigrantes —asturiano para más señas— me preguntó acerca del Movimiento y por la página web. Añadió que lo hacía porque estaba interesado en que sus hijos acudieran a un Cursillo. Luego estuvimos hablando sobre la situación religiosa, económica … de Alemania. Me llamó mucho la atención que en Alemania, si te declaras seguidor de una religión o confesión religiosa, debes aportar el 9 % de tus ingresos. Vamos, que como en España (aunque me imagino que si aquí ocurriera así, las solicitudes de apostasía serían una avalancha).
Hemos cenado muy temprano, ya que el restaurante tenía otra cena después y teníamos que adaptarnos al horario para facilitarle la labor. La mayoría se han ido a descansar, pues aunque hoy ha sido todo más liviano, los esfuerzos se pagan y el cuerpo empieza a pedir un poco de mimo y cuidado.
Mañana se antoja como el principio del fin; se nota en las caras y aunque invisible, se mueve en el ambiente. Incluso Pepe, antes de retirarse a descansar, a un grupo que estábamos tomando el café nos apuntó su deseo de que le dejáramos disfrutar de este regalo en forma de peregrinación antes de volver a su realidad cotidiana. Comprendo que cada uno se debe adaptar a su ambiente y me consta que así es, pero entiendo lo expresado por Pepe. Todo lo que rodea a esta peregrinación favorece ya no sólo la convivencia, sino también el ejercicio de la actividad sacerdotal. Entiendo que el sacerdote debe de poner sus cinco sentidos en todo su servicio apostólico, pero como humanos que son, estoy seguro de que durante estos días tanto Efrén como Pepe, han sido numerosas las ocasiones en que han dado gracias al Señor por el regalo de su vocación y la oportunidad de poder ejercer su ministerio a lo largo de la peregrinación.