UN POCO DE HISTORIA

Monseñor Hervás

Los Cursillos de Cristiandad nacieron en la diócesis de Mallorca (España), en el Monasterio de San Honorato del Monte Luliano de Randa, donde, después de varios ensayos, se dio el primer cursillo de Cristiandad el día 7 de enero 1949.

Previamente se habían celebrado seis "Cursillos para Adelantados de Peregrinos", con el fin de preparar a los jóvenes que habían de tomar parte en la pregrinación nacional a Santiago de Compostela, organizada por el consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica. Luego se organizaron cinco "Cursillos de Jefes de Peregrinos" y —por fin— de aquellas experiencias, fracamente optimistas y fructíferas, nacieron los Cursillos de Cristiandad.

Los Cursillos de Cristiandad no tienen autor, sino autores; así continuaron a lo largo de sus varias etapas de crecimiento, desarrollo y expansión. Monseñor Hervás, cuando pletórico de experiencias sacerdotales en todos los campos de la Pastoral, llegó a Palma para hacerse cargo del gobierno de la diócesis de Mallorca, se trazó un programa de actuación, en el que figuraba como primer objetivo el preparar conscientemente el equipo de sus más inmediatos colaboradores. Con este propósito no tardó en tener a su lado un grupo de sacerdotes y seglares que, bajo su dirección, aliento y vigilancia, se dedicasen a buscar los medios más conducentes para realizar el programa pastoral del Obispo.
De esa inquietud, encarnada principalmente en los Consiliarios y en los Dirigentes del Consejo de los Jóvenes de Acción Católica, nacieron los Cursillos de Cristiandad.

Los Cursillos de Cristiandad no fueron fruto del destino, como un lance de juego de azar, ni mucho menos una iluminación o revelación bajada del cielo; sino el resultado de una larga preparación, remota y próxima, después de variadas experiencias y trabajos de un equipo de eclesiásticos y seglares.

En el nacimiento de los Cursillos no presidió la improvisación, sino la preparación; no una revelación divina, sino el soplo del Espíritu Santo, que dirige, guía y perfecciona a su Iglesia, renovando la faz de la Tierra.

Se llaman Cursillos, diminutivo de curso, para significar el plazo breve, cortísimo, de tres días solamente, en que se dan de forma intensiva y vivencial las charlas o "rollos" que abarca.

Al principio se llamaron Cursillos de Conquista. No se había dado aún con la palabra justa; pero un día, en una de las Asambleas Diocesanas de la Juventud de Acción Católica, Monseñor Hervás, recogiendo la significación que Pío XI y Pío XII habían dado a este vocablo, les puso el nombre de Cursillos de Cristiandad.

se expandieron por todo el mundo
  El término flotaba en el ambiente. Pío XI había expresado su deseo de "construir una cristiandad, ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo", y Pío XII había hablado varias veces de la necesidad de "hacer Cristiandad, de estructurar Cristiandad, vertebrar Cristiandad". Esta era, pues, la palabra justa que debía añadirse como apellido a los Cursillos, que no pretendián otra cosa que renovar cristianamente la sociedad.

Los Cursillos de Cristiandad se han extendido por todos los continentes en todos los países, en todos los pueblos y entre los hombres de las razas más diversas. Lo mismo entre los américanos que entre los japoneses; lo mismo entre los europeos que entre los australianos; lo mismo entre los filipinos que entre los sajones; lo mismo entre blancos que entre los hombres de color.

Y en todos los sitios han producido —y siguen produciendo— resultados tan favorables, que unos y otros confiesan que el Cursillo parece haber sido hecho para ellos.

En ASTURIAS llegaron en el año 1959, celebrándose hasta hoy casi 500 Cursillos, con cerca de 12.000 cursillistas.

El Papa y la Jerarquía Eclesiástica conocen perfectamente los Cursillos de Cristiandad, y los estiman como "uno de los instrumentos suscitados por Dios para el anuncio del Evangelio en nuestro tiempo" (Juan Pablo II).